CAPÍTULO XV (1ERA PARTE)

 


Bajo la luz de su lámpara Nicolás se puso a leer el libro de la tapa color vino que contenía las memorias de su padre. Luego de la frase inicial que tan impresionado lo hubo dejado, por varias páginas el muchacho únicamente halló una ampliación sobre lo mismo. Hoja tras hoja su padre hablaba de sus sentimientos hacia Tania, la compañera de clases que desde que posó por primera vez un pie en su salón le había robado el corazón. Aunque repetitivas y redundantes, Nicolás no se aburrió de leer aquellas líneas tan apasionadas. En aquel momento, él no lo supo, pero en su interior despertó un gran interés por la poesía.

“…mi momento favorito del día eran las mañanas, cuando me alistaba y no dejaba de pensar en ella, pues mi corazón se llenaba de anhelo y dicha. Pronto volvería a verla, pronto mis oídos volverían a oír sus cantarinas risas cual trino de pajarillos cantándole al amanecer y a la vida; pronto mis ojos se deleitarían con su cabello agitándose con coquetería cada vez que ella movía su cabeza; pronto mi corazón se paralizaría cuando sus pestañas se abran y sus hipnóticas pupilas se posen, aunque sea por un segundo, en mi persona…”, aunque algo cursi por momentos, su padre siempre encontraba la manera para enaltecer aún más a su amada musa.

“Era una mañana radiante, sabía que algo bueno me tendría que pasar. Desde hace muchos días ya no podía contener más este impulso que con el pasar de los segundos me arrastraba más y más a querer hablarle, a querer oír su voz saliendo de sus tiernos labios para posarse en mis devotos oídos. Tenía que encontrar mi oportunidad, desde hace mucho había maquinado mi estrategia, nada podía salir mal, era mi momento, el momento perfecto. En la tercera hora el profesor de inglés siempre solía agruparnos con nuestro compañero de al lado para practicar diálogos. Carlos Astengo era el chico al que debía sobornar. Le pagué mi mesada de todo un mes para que me cambié de sitio. Por supuesto él no se negó, aunque antes de retirarse de su asiento me hizo saber que a él también Tania le parecía la chica más linda de todo el salón. Solo me limité a asentir, aunque para mis adentros los celos me carcomieron a más no poder. Entendí que todo mundo podía admirar la belleza de Tania por el simple hecho de tenerla cerca, pero aun así me sentí muy contrariado por tener que compartir sus delicadas facciones con tanto ojo profano. De todas formas, todo quedó olvidado cuando me senté en el sagrado lugar. ¡Ah! Allí estaba ella, sentada a mi lado, charlando de lo más tranquila con una amiga de su detrás. ¿Cómo era posible que ella estuviese tan relajada en una situación así? Yo en ese momento era un manojo de nervios, y mi pobre corazón, oh, mi pobre corazón parecía que en cualquier momento me saltaría del pecho. De solo recordarlo mi mano empieza a temblar al escribir estas líneas…”, en este fragmento Randy narró su primer acercamiento con Tania. El texto que seguía a continuación describió los diálogos en inglés de ambos, las risas y miradas de Tania cuando traicionado por los nervios Randy cometía los más hilarantes errores. Al final de la narración él concluía diciendo que Tania era la mejor persona del mundo, y que su personalidad tan gentil y bromista lo había dejado aún más enamorado de ella.

Sin embargo, Randy pronto se desengañaría, pues a los pocos días descubrió que aquella forma de ser tan refrescante y animada de Tania no era exclusiva para su persona, sino que ella se comportaba así con todo mundo. En estos párrafos Randy gastó varios trazos de tinta en describir el furor interno que lo consumía cada vez que veía a su Tania portándose amigable con otros chicos del salón. “Parecían payasos estúpidos, bufones sin un tornillo que no tenían mayor aspiración que arrancar las melodiosas risas de mi amada. Como los detestaba, juro que por momentos yo estaba a punto… ¡ah! En ese momento debí saberlo, que aquellos sombríos pensamientos fruto de la rabia no eran normales en un muchachito de mi edad… el monstruo estaba dando sus primeros pasos…”, cuando terminó de leer este fragmento Nicolás sintió que se le erizaban todos los pelos de la piel. Por algunos segundos él no fue capaz de continuar con la lectura.

Algunos minutos después, a pesar de ya haberse recuperado de la impresión, Nicolás ya no tuvo ganas de seguir leyendo. Era más de medianoche y los ojos le ardían como los mil demonios. Además, en su cabeza tenía tanto en lo que pensar, tanto que asimilar, que al final decidió dejar la lectura para el día siguiente.

Su madre le dejó el desayuno como todas las mañanas. Tania se marchó temprano, pues ahora iba al gimnasio religiosamente todas las mañanas. Luego de ello quien sabe qué más haría, pues ella ya no volvía a la casa hasta caída la noche. Ese día Nicolás decidió faltarse al colegio. “De todas formas, no es como si me estuviese perdiendo de gran cosa”, fue su razonamiento para justificar su decisión.

Con el pasar del tiempo Randy fue intentando con mayor ahínco el ganarse el aprecio de Tania. Según relataba, la competencia en este sentido era feroz, pues Tania era de lejos la chica más bonita y genial de su salón, y no solo de su salón, sino que incluso del colegio entero. Randy juraba que esto último no era ninguna exageración, pues todos los días él era testigo de cómo chicos de otros años se aparecían afuera del salón para saludarla y dirigirle alguna palabra que hiciera escapar de sus labios la esperada risa que tanto anhelaban sus corazones. Nicolás siguió la narración con sumo interés, a tal punto que en algunas partes llegó a sentir que era él mismo quien vivía todas aquellas experiencias. Hubo momentos de victorias y de derrotas, aunque lo cierto es que Randy jamás se rindió. Su tenacidad era admirable, Nicolás tuvo que reconocerlo. Pero lo más asombroso de todo fue que con el tiempo Randy fue refinando sus métodos y estrategias, al punto de que terminó transformándose en todo un galán.

Ya para la secundaria, Randy llevó su nueva forma de ser al límite, y los resultados no se hicieron esperar. Muchas chicas comenzaron a interesarse en él, e incluso una que otra llegó a declarársele. A estas alturas Randy se sentía alguien muy ducho en las artes de la galantería y del amor. Y aún más se infló su ego cuando una tarde, tras salir de clases, él fue por primera vez el elegido por Tania para acompañarla al paradero a tomar su bus. Sobre este punto, el acompañar a Tania se había convertido en todo un acontecimiento para los estudiantes del colegio. La devoción por Tania llevada hasta tal punto inevitablemente provocó envidias y habladurías en las demás chicas, aunque por supuesto Randy jamás les hizo ni el menor caso. De hecho, un día una chica que acababa de declarársele comenzó a hablar pestes de Tania, al punto de insinuar que ella era una puta. “…oír aquella blasfemia me hizo hervir de la rabia, no sé ni como pude controlarme. Supongo que en ese momento solo pensé en que a Tania no le gustaría que su amado fuese un golpeador de mujeres. Por algunos segundos más seguí oyendo en silencio lo que aquella desgraciada me hablaba. Sin embargo, tal fue su descaro que llegado un punto no pude más y le grité con toda mi ira que se largue de mi vista. La muy cínica se marchó llorando. Para lo que me importó. Recuerdo que verla alejarse toda humillada me resultó muy satisfactorio, aunque lo cierto es que la alegría me duró muy poco. Resulta que esa estúpida era una de las supuestas mejores amigas de Tania, vaya ironía del destino, y la propia Tania se me acercó para pedirme que me disculpe por haber tratado tan mal a su amiga. Me intrigó el querer saber porque Tania no le guardaba rencor a aquella infeliz que tan mal había hablado de ella. Qué inocente era en aquel entonces. Por suerte Tania al poco rato me abrió los ojos. Me habló de lo que le contó su amiga sobre cómo habían sido las cosas. Su amiga le mencionó que se me había declarado, que me había abierto su corazón sin siquiera dudarlo, pero en ningún momento mencionó todo el veneno que salió de su boca para embarrar a su dizque amiga. Ya me había dicho mi padre que la mayoría de las mujeres en realidad no tienen amigas, solo rivales. Dudé sobre si quitarle a Tania la venda de los ojos. Al final no tuve corazón para hacerlo. Resulta que esa infeliz, la perra de Yamile, no era una simple amiga, sino su supuesta mejor amiga desde hace muchos años. Si le decía la verdad Tania se sentiría muy mal, muy solitaria. Yo la entendía mejor que nadie, sabía que ella se daba perfecta cuenta de lo que pasaba a su alrededor: los chicos la adulaban solo por el interés en que alguna vez ella los viera como algo más que simples amigos, las chicas estaban a su lado simplemente porque sabían que contra ella no tenían oportunidad alguna, aunque lo cierto es que a sus espaldas no desaprovechaban la menor oportunidad para hacer pedazos su reputación. Pensé mucho en qué hacer, juro que los sesos estuvieron a punto de calcinárseme por el esfuerzo. Al final solo le dije “lo siento”. Pero fue un lo siento que me salió del corazón. Ella se dio cuenta por lo visto, pues me respondió con un “gracias” y un cálido abrazo que jamás olvidaré…”, cuando leyó esta parte de las memorias de su padre, los ojos de Nicolás se empañaron por las lágrimas. Además, en ese momento él esbozó inconscientemente una tenue sonrisa, y ni se acordó de que aquel hombre que había descrito una acción tan noble terminaría convirtiéndose en un temible asesino en serie, en el peor monstruo del que se tenga recuerdo en toda la historia del país.

Luego de aquel suceso, Randy narraba en sus memorias, Tania se hizo muy cercana a él, llegando incluso a contarle todos sus problemas y dilemas. Nicolás leyó en estas líneas como su padre se convirtió en el confidente de su madre, en su mejor amigo, en su inquebrantable apoyo y pilar. Sin embargo, aquello no duraría por mucho tiempo ni podría ir hasta el siguiente nivel. Al siguiente año, en el cuarto de secundaria, al colegio ingresó un chico nuevo cuya familia acababa de mudarse desde Alemania. “Gustav, como odié a ese maldito rubio. Desde que se sentó en nuestro salón y a los pocos días Tania me dijo “pobrecito, dicen que a duras penas sabe algo de español”, entendí que aquel sujeto se convertiría en mi mayor obstáculo. Por supuesto no me equivoqué. Tania fue la primera en acercársele durante uno de los recreos. No pude soportar el seguir viendo aquello, así que opté por alejarme. Sin embargo, cuando acabó dicho recreo y regresé al salón, verlos llegando juntos y a ambos tan sonrientes me provocó una desazón que jamás había tenido en toda mi vida. Fue tan intensa la tristeza y la decepción que se apoderaron de mi corazón, que por primera vez en mi vida se me pasó por la cabeza la idea de suicidarme…”, Nicolás cerró de golpe el libro cuando sus ojos se toparon con la palabra tabú. Después de eso, durante el resto del día Nicolás no se atrevió a seguir leyendo. Se la pasó echado sobre su cama y con la mirada perdida en la nada. Así lo encontró su madre cuando cerca de las nueve de la noche llegó algo bebida al apartamento.

Continua...


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