Capítulo XV: El bautismo de sangre

 


Todos se acomodaron alrededor del altar, y a la señal de Gaspar levantaron sus cuchillos. Cosette en ese momento temblaba de pies a cabeza. Acababa de ser consciente de que ella nunca había matado, ni siquiera a una mosca. Su único consuelo en ese momento era la inmovilidad del saco. Presumió que aquel pobre animal habría sido dopado con alguna clase de droga mágica.

–¡Cosette! –la cola de mono le gritó una vez más. Ella volvió a la realidad. Se percató de que Gaspar y los demás le tenían clavada la mirada. El sentido de aquello se le hizo obvio. Ellos querían que prosiga con lo pactado y no se eche atrás.

–No puedo hacerlo –tras cerca de un minuto de indecisión, finalmente Cosette llegó a decir con un hilillo de voz. Yamil avanzó hacia la joven con paso amenazante, pero Gaspar lo detuvo.

–Cosette, créeme lo que te digo. Las cartas no mienten, esta cosa que llevo en vez de oreja no miente. Si cumples con tu destino podrás reunirte con esa persona que amas tanto –Esmeralda fue hasta la joven y se colocó a su lado. De la misma forma que lo hizo en la Noche del Ocaso, la adivina se le acercó al oído y le comenzó a susurrar con la voz más seductora que uno se pudiese imaginar. Cosette abrió los ojos a más no poder. Acababa de tener una repentina revelación, algo que la impresionó a más no poder. Y es que esta vez la voz de Esmeralda le sonó a los siseos de una serpiente. "¡No solo fue el "perfume de bruja!". Sus palabras también influyeron en mí, son las palabras de una bruja, el veneno de una víbora", ella reflexionó horrorizada. Retrocedió rápidamente unos cuantos pasos–. Amiga –Esmeralda se llevó una mano al pecho, fingiendo sorpresa–, ¿Por qué retrocedes así? ¿Es que tengo bichos en la cara o qué?

–¡Tú! –Cosette la señaló con dedo inquisidor–. ¡Tú eres la culpable de mi desgracia! ¡Por tu culpa jamás podré volver a darle la cara a mi amado Arnauld! ¡Por tu maldita culpa estoy tan sucia como la peor de las putas!

–¡JAJAJA! –Esmeralda se echó a reír–. ¿Y qué harás al respecto? ¿Me matarás?

–Yo, yo...

–Ni siquiera puedes matar a un simple cordero, ¿y así pretendes acabar con mi vida?

–Pídele al sabio como deseo que Esmeralda sufra una tortura interminable –la cola de mono le susurró al oído–. No tienes que mancharte las manos con esta víbora.

–¡No! –Cosette miró a la cola de mono espantada.

–Si no hundes tu cuchillo en el cordero, ellos te usarán a ti como sacrificio. Dime, ¡¿eso es lo que quieres?!

–No, no, ¡no!

–Solo es un animal, debes hacerlo.

–¡Ya estoy harto de toda esta comedia! –Igor exclamó con voz aguardentosa–. ¡He esperado por demasiados años la llegada de este momento, y tú no lo arruinarás, maldita mocosa! –él avanzó hacia Cosette con su brazo grande en alto. Pronto su hermano se le unió y empezó a soltar amenazantes balbuceos.

–¡Quédense donde están, par de idiotas! –Gaspar les gritó fuera de sí a los dos hermanos. –Dejen que Esmeralda se encargue de esto –él agregó ya más calmado.

–Tu mascota tiene razón, lindura –Esmeralda se encogió de hombros, en tanto apuntaba con la mirada a la cola de mono–. Si a estas alturas te echas atrás, los ánimos se caldearán. Incluso yo creo que ya comienzo a enfadarme, ¡grrr!

Cosette retrocedió ante la amenaza.

–¿Por qué no me sorprende? –Esmeralda avanzó hacia Cosette–. Eres una niña estúpida, sin una pizca de raciocinio. Pero eso no es lo peor. Lo que más detesto de ti es tu cobardía, tu increíble temor a hacer las cosas. ¿Es que nunca tienes la menor intención de atreverte a nada? ¡Me das asco! –mientras Esmeralda decía estas palabras, hundía una y otra vez su dedo índice en el pecho de Cosette. Esta última únicamente se limitaba a retroceder–. Al menos hazle caso a tu mascota, ¡véngate de mí! ¿No me acabas de acusar de ser la culpable de haberte convertido en una zorra insaciable, en una inmunda ramera indigna del corazón de tu amado? ¡Ja! Pues por lo visto eso fue pura palabrería. Tal vez en el fondo siempre has sido una puta hambrienta de placer. Seguro que tu "amado Arnauld" no te complacía lo suficiente, y por eso es que en la Noche del Ocaso tú diste rienda suelta a...

–¡Cállate!! –Cosette ya no pudo soportar más tantas ofensas juntas. Desde hace un buen rato ella iba sintiendo que las palabras de Esmeralda eran como brazos negros de espectros que emergían del suelo y trataban de hundirla hasta el infierno. El odio bulló en su interior y se le terminó rebalsando por los poros. Sujetó con ambas manos el cuchillo que tenía entre las manos. Su intención inicial era hundirlo en el pecho de aquella adivina insoportable, pero cuando la tuvo al frente su ímpetu se desinfló. "Nunca he matado a nadie", esta verdad hizo eco en su cabeza una y otra vez. De todas formas, la rabia no la había abandonado, de modo que Cosette decidió cambiar de táctica–. ¡Tal vez la idea de la cola de mono sea lo mejor! ¡No tengo porque mancharme las manos con una víbora como tú! –Cosette elevó el cuchillo y con todas sus fuerzas lo clavó en el saco. Dos, tres veces más lo clavó, hasta asegurarse de que el cordero estuviese bien muerto.

–Eres tan predecible –Esmeralda esbozó una maquiavélica sonrisa–. Está hecho –ella se dirigió a Gaspar, y acto seguido tomó su cuchillo y de un tajo abrió el saco de lado a lado. En todo el rato que duró la operación no despegó ni por un instante la vista de Cosette, y sus labios no dejaron de sonreír.

–¡NOOO! –completamente fuera de sí, Cosette se llevó ambas manos a la boca, tras dejar caer el ensangrentado cuchillo sobre el terreno del bosque. Y es que lo que yacía muerto sobre el altar no era un cordero. Se trataba de René, el pequeño al que ella había salvado de la pobreza. Él iba vestido únicamente con una piel de cordero. Para la ocasión René había sido dopado con un potente somnífero–. Pero, pero... –a Cosette los labios le temblaban–. ¡¿Cómo es posible?! Se supone que René se quedó atrás con Ivonne. Esto debe ser una pesadilla, una ilusión... ¡seguro que me has lanzado alguna clase de maleficio, odiosa bruja! –ella acusó a Esmeralda.

–¡Ya puedes salir, Ivonne! –Esmeralda exclamó de lo más campante, y acto seguido se carcajeó a más no poder.

De detrás de un árbol salió la alta mujer. –Todo salió como lo planeamos, ¿eh, Gaspar?

–El bautismo de sangre se ha completado. Un alma más ha abrazado la oscuridad. ¡Alégrate, Cosette! A partir de este momento te has convertido en un alma digna del favor de Satanás, por lo que serás participe en todo derecho de la gran recompensa. ¡Al igual que nosotros podrás pedir lo que desees! ¡No te abstengas de nada! ¡Cualquier cosa que desees te será cumplida!

Cosette en ese momento se hallaba en estado de shock. Las piernas le temblaban, las sintió tan débiles que supo que en cualquier momento se derrumbaría. Terminó desvaneciéndose antes.

–¡Déjenla allí! –Gaspar ordenó cuando Ivonne y Yamil se acercaron con intención de levantarla–. Ahora solo importa que la cola de mono pida su deseo. Después podrán hacer con la chica lo que quieran.

Yamil se relamió y soltó unos alegres balbuceos. Ivonne se frotó las manos y una lasciva sonrisa se dibujó en sus labios. –Primero la gozaré yo –Esmeralda se interpuso delante de Cosette–. Gracias a mí hemos logrado nuestro gran objetivo, que no se les olvide.

–¡Silencio! –Gaspar les ordenó. Poco después se hincó en una rodilla. Los demás dirigieron los ojos hacia donde los había dirigido previamente Gaspar. De inmediato todos lo imitaron y también se postraron. Desde el fondo del bosque fue acercándose hacia el altar una figura delgada y de más de tres metros de altura. Se trataba de una criatura humanoide, envuelta con una túnica hecha de pieles negras de cabra. Su cabeza la tenía cubierta por una cabeza disecada de macho cabrío, aunque era una de dimensiones enormes. Y más enormes aún eran las dimensiones de sus cuernos, los que se elevaban hasta a más de un metro de largo. Debajo de la túnica negra podían verse unas alargadas manos de uñas afiladas y tan negras como la noche más oscura. Dichas manos en esos momentos sujetaban un libro viejísimo. La oscura figura avanzó sin hacer el más mínimo ruido, hasta que se detuvo a unos pocos pasos del altar. Allí elevó sus manos y el viejo libro comenzó a levitar.

–El último peregrinaje ha finalizado con el último bautismo de sangre –habló la criatura. Su voz era grave y ronca. Parecía provenir de los abismos más profundos del universo. En ese preciso momento el libro se abrió, y flamas rojas salieron de sus amarillentas hojas. A continuación, la figura oscura extendió su mano derecha, y unas lenguas de fuego crearon a pocos centímetros de sus dedos una gran pluma negra, la cual la criatura pasó a sujetar con la mano mencionada. El libro se le acercó flotando y se detuvo a pocos centímetros de su abdomen. La alta criatura con aspecto de macho cabrío se preparó para escribir.

–¡Traigan a la cola de mono! ¡Que pida su deseo! –Gaspar apremió a sus compañeros. En el acto Yamil levantó en peso a la desmayada Cosette, y la llevó ante la presencia del sombrío personaje–. Ha llegado el momento, familiar de Marfa. ¡Pide que mi amada sea resucitada con belleza y juventud eterna, tal y como el Gran Sabio de los Abismos lo dispuso!

La cola de mono se elevó por encima de la inerte cabeza de Cosette. Abrió varios de sus ojos marrones para observar mejor al "Gran Sabio". Acto seguido aspiro una gran cantidad de aire con su boca y de inmediato gritó: –¡Deseo que Cosette posea belleza y juventud eterna!!!

El alto y oscuro ser asintió y escribió en el libro lo solicitado por la cola de mono. Gaspar observó con los ojos desorbitados la escena. Y es que apenas terminó su exclamación, la cola de mono escupió sangre, y luego empezó a retorcerse. Terminó desprendiéndose de la cabeza de Cosette y cayendo al suelo, en donde tras una serie de espasmos finalmente quedó inerte. En el extremo que antes había estado enterrado en la cabeza de la joven, los miembros de la feria de lo extraño llegaron a detectar un diminuto cuerpecillo de mono.

–¡Maldita criatura! ¡No pensé que tu odio por Marfa podría llegar a tanto! –Gaspar se tomó de los cabellos con desesperación. Los dientes le rechinaron y de sus puños apretados comenzaron a descender hilillos de sangre, pues él se había clavado con fuerza las uñas en las palmas.

Sin previo aviso un relámpago rojo cayó del cielo sobre el cadáver de la cola de mono. En el acto el pequeño cuerpecillo comenzó a crecer. La boca y los numerosos ojos se desplazaron poco a poco de la cola hacia el rostro. Un par de cuernecillos rojos y curvos le crecieron en la cabeza. Finalmente, todos los ojos marrones se fusionaron en un par de vivaces ojos rojos.

Gaspar retrocedió espantado. No podía entender lo que estaba pasando. Sus compañeros se encontraban en similar situación, con los ojos desorbitados y con la boca abierta a más no poder.

–¡Pares que son uno no morirán si el otro no muere, o hasta que la conexión se rompa! –el mono resucitado exclamó a viva voz–. ¿Qué? ¿No saben lo que acaba de suceder? Muy sencillo, damas y caballeros: Cosette es mi nueva ama y yo su leal familiar, hace mucho que hicimos el pacto. Pero, por supuesto, no fue un pacto tan simple como el que hice con Marfa. El pacto que hice con Cosette fue uno mucho más poderoso y secreto: el pacto del Hilo Rojo. Gracias a ello es que nuestra conexión espiritual se ha dado a un nivel muchísimo más profundo. ¿Ahora lo comprenden?

–¡Eso a mí que me importa! ¡Como si tuviera algo que ver! –Gaspar le gritó. En ese momento su rostro estaba rojo de la ira.

–Que corto de luces eres, Gaspar. Tiene mucho que ver. Ahora Cosette y yo somos un solo ser. La única forma de acabar conmigo es acabando con Cosette, pues de lo contrario, mientras ella viva, yo siempre viviré. Y no solo eso. Gracias a que he muerto y he vuelto a nacer, el conjuro que me lanzó Marfa ha desaparecido, de modo que he podido volver a mi forma original y de paso recuperar todo mi poder. ¿Te asombra mi conspiración? Vamos, que soy un espíritu del infierno, y el Gran Sabio del Abismo es mi señor. Nosotros los demonios poseemos conocimientos que van más allá de la comprensión humana. Cuando Marfa me invocó del grimorio maldito Infernus Maleficarum, su destino quedó sellado. No te olvides que gracias a mí es que ella pudo obtener el conocimiento sobre este bosque y sobre el solitario ser que lo habita, el Gran Sabio capaz de cumplir cualquier deseo. Vaya, todavía te noto confundido. Ahora seguramente te debes estar preguntando: ¿Por qué le revelé esta información a Marfa? ¿Qué ganaba yo con todo esto? En este preciso momento lo estás viendo. Mi plan salió a la perfección. Marfa era una humana insolente y mandona, ¡y lo que yo más odio en el mundo es precisamente a la gente tan soberbia como ella! Era natural que desearía deshacerme de ese incordio –el mono resucitado explicó–. Esta niña en cambio es todo lo opuesto a Marfa. Es buena, tranquila, de corazón noble y poco ambicioso. La perfecta marioneta para mí. Y eso no es todo. Ahora que ustedes han destruido su espíritu hasta este punto, me han facilitado enormemente las cosas. Yo me convertiré en la nueva voz de su conciencia, ambos seremos imparables. ¡El mundo será nuestro!

–Maldito mentiroso... Marfa indagó con su magia psíquica hasta los niveles más profundos de tu mente. ¡No halló absolutamente nada sospechoso! ¡Es imposible que esto esté sucediendo! –Gaspar insistió en su incredulidad.

–¿Puedes responderme a una pregunta? –el mono resucitado habló con jactancia–. ¿Quién le enseñó a Marfa esa habilidad de indagación psíquica? Satanás y yo provenimos del infierno, ambos siempre hemos sabido de esa técnica, y de igual forma ambos siempre hemos sabido como contrarrestarla. Todo lo que tuve que hacer es auto condicionar mi mente para que elimine todo lo referente a mi gran conspiración, aunque solo de manera temporal, pues en el momento en el que vuelva a presenciar una "inmolación de la inocencia" en una Noche del Ocaso, el recuerdo reviviría en mi interior como el ave fénix cuando resucita de las cenizas. Vaya ironía, ¿no? Te lo repito, todo sucedió tal cual lo planee. ¡Los humanos siempre serán simples marionetas en nuestras manos! ¡Jamás se atrevan a aspirar a más, malditas escorias! ¡¿Ahora sí te quedó todo claro, Gaspar?!!

Gaspar estaba impactado. Aquello era demasiado. Ese insignificante mono había jugado con él y con los demás como si fuesen simples peones de un tablero de ajedrez. Pero lo peor no era eso, sino que el señor oscuro también había sabido de aquella conspiración durante todo aquel tiempo.

Cuando Cosette despertó, se encontró rodeada por un círculo de fuego. Desde afuera Gaspar y los demás trataban de atravesar el círculo, pero apenas se aventuraban un paso hacia su interior, una maraña de llamas incandescentes se elevaba hacia ellos y amenazaba con consumirlos.

–¡Ah, por fin despiertas, Cosette! –el mono resucitado le dijo. Por toda respuesta la joven se le quedó viendo desconcertada. Entonces los recuerdos de la tragedia le volvieron con fuerza y torturaron su mente sin ninguna clase de misericordia. Ella se tomó de la cabeza y lanzó un angustiado alarido–. Úsame, Cosette, solo pronuncia mi nombre secreto, y yo te compartiré de inmediato mi poder. Me llamo Sulu.

Cosette no fue capaz de articular palabra. –¡Di mi nombre o moriremos! ¡Ya no puedo mantener más el círculo protector! ¿Es que no lo ves? ¡Gaspar y su grupo quieren matarte!

La joven dirigió la vista hacia afuera del círculo. En efecto, sus antiguos compañeros de la feria de lo extraño tenían expresiones furiosas en el rostro, y en sus manos empuñaban con rabia sus cuchillos. Ella pudo sentir en toda su magnitud la sed de sangre que manaba de ellos, sobre todo de Gaspar. Sin embargo, lo que Cosette no sabía es que toda esa ira no iba dirigida contra ella, sino contra Sulu, el astuto mono resucitado.

Aunque Gaspar era el más enardecido del grupo, los demás también se hallaban sumamente furiosos. Se sentían indignados por haber sido utilizados de una manera tan descarada, pero sobre todo se sentían rabiosos por haberles sido retrasada su oportunidad de pedir su deseo, ya que mientras Gaspar no pidiera el suyo, ellos no podrían hacer lo propio.

–¡Ya déjense matar, malditos infelices! –Esmeralda vociferó–. ¡He esperado por demasiados años para esto! ¡No permitiré que arruinen nuestra gran oportunidad!

Ivonne y los demás se desgargantaron con similares gritos y amenazas. Ellos sabían que la forma más rápida para que Gaspar se tranquilice y por fin cumpla con el paso final designado por el Gran Sabio era acabando con la fuente de toda su tensión.

Cosette por un momento deseó acabar con todo. Se puso de pie y dio un paso hacia uno de los bordes del círculo. La culpa por haber asesinado al pobre de René la consumía en mucha mayor medida que la culpa que la había consumido tras lo sucedido durante la Noche del Ocaso. –¡No! –Sulu rápidamente se percató de la situación–. ¿Por qué deberías morir? ¡Fueron ellos los que te indujeron a hacer esto! ¡Tú jamás habrías matado a nadie ni te habrías vuelto una sucia ramera por tu propia cuenta! Debemos acabar con estos tipos, Cosette. Su maldad no tiene límites, ¡incluso ahora quieren matarte, cuando la que debería querer matarlos eres tú! ¡¿Es que no sientes nada de rencor después de todo lo que te han hecho, después de ver como se han encargado de destruir tu inocencia y todo lo bueno que albergabas en tu corazón?!

A medida que Sulu iba hablando, algo en el interior de Cosette fue germinando y luego creciendo hasta alcanzar límites insospechados. Anhelo de destrucción, hambre de venganza, odio profundo y ardiente; la joven por primera vez sentía en su interior estos sentimientos, que para colmo con cada palabra de Sulu se iban inflamando y desbordando más y más. Dirigió la vista a Gaspar, el más furioso de todos sus antiguos compañeros. Entonces la cara de Cosette se deformó en una terrible expresión de rencor.

–Ustedes me hicieron esto. Tú, maldito gordo, me hiciste esto. Sabias lo que pasaría, lo tenías todo planeado –Cosette en ese momento no era ella misma. Algo muy fuerte influenciaba su mente, la jalaba hacia lo profundo. El odio en ella era tan intenso que cegaba todo razonamiento o atisbo de luz–. ¡Sulu! –la joven exclamó con todas sus fuerzas. De inmediato el mono se transformó en un báculo mágico de madera oscura, y con una piedra roja engastada en su parte superior.

Esmeralda y los demás se pusieron pálidos cuando fueron testigos de cómo un fugaz y violento relámpago rojo salió del báculo de Cosette y en un instante atravesó la cabeza de Gaspar. El obeso hombretón se desplomó con estrépito, ya sin vida.

Ver una vez más a la muerte proviniendo de su propia mano hizo a Cosette emerger del océano del odio. "¿En qué clase de monstruo me he convertido?", ella se estremeció. Ser consciente de lo que era (una asesina), le hizo querer huir y refugiarse muy lejos, en un lugar apartado y solitario. –¡Vámonos, quiero irme de aquí! –ella le gritó con desesperación a Sulu. El mono, que no podía estar más de acuerdo, aunque por distintas razones, rápidamente asintió y la guio hacia el tocón carbonizado.

Ivonne fue la primera en lograr salir de su estado de shock. Se acercó a Gaspar y contempló horrorizada su cadáver. –Todos nuestros sueños han sido destruidos en un instante –ella se lamentó, y amargas lágrimas descendieron por sus mejillas. Ninguno de los miembros del grupo en ese momento se sintió capaz de ir tras Cosette y el mono. Todos se hallaban muy afectados por el tremendo revés sufrido.

Continua...


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