Capítulo 17: ¿Qué tan cara puede resultar una victoria? ¡El partido de la revancha!
Vaya, me siento algo culpable por lo que le pasó a la
profesora Inés. Me enteré que durante la clase que le tocaba después de con
nosotros dijo que se sentía mal y tuvo que irse. Consultándoles a algunos
chicos de ese salón, me dijeron que la profesora había ido al hospital. Debido
a ello es que junto con mis amigas decidimos ir a visitarla un rato en la
tarde. Por suerte, la profesora nos contó que el médico le dijo que lo suyo no
había sido más que una ligera descompensación, nada grave, de modo que en pocas
horas le darían de alta. Sin embargo, cuando le pregunté a la profesora sobre
cuando recuperaríamos las clases de disección, nos dijo que de pronto se estaba
comenzando a sentir mal nuevamente, así que tuvimos que irnos. No lo entiendo,
si hasta ese momento se le veía tan sana. ¡Cielos! Supongo que a esa edad los
achaques son algo que te viene de pronto, es lo único que se me ocurre…
***
–¡Esta es la oportunidad perfecta para vengarme, chicas! ¡Ya lo
verán! –Mandy les dijo a sus amigas muy excitada.
–¿Vengarte? ¿De qué estás hablando? –le preguntó Roberta. En ese
momento las cuatro chicas se dirigían junto con el resto de las mujeres de su
año a la cancha de losa en donde se había armado la red de vóley. Guiando a
todas iba la profesora de educación física. Ella llevaba un saco repleto de
pelotas de vóley.
–Me refiero a mi venganza contra esa jirafa oxigenada, contra
Martina. ¡¿Acaso ya se olvidaron la terrible humillación que me hizo pasar la
semana pasada?!
–Ah, eso. ¡Jajaja! Sí, ya lo recuerdo –se rio Estela.
–Yo creo que tú solita lo provocaste todo por culpa de tus
exagerados celos –opinó Bianca.
–¿Mis celos? ¡¿De qué estás hablando?! ¡¿Cuáles celos?! ¡Yo no tengo
nada de celos por nadie!
–Oigan, chicas, ¿esos de allá no son Martina y Xian? –de pronto
Bianca señaló hacia adelante.
–¡Es cierto! Y no sé si será mi impresión o qué, pero por la forma
en la que conversan hasta parecen esposos –comentó Roberta.
–¡Ja, qué tontas son! ¿En serio creen que caeré en un truco tan
barato como ese? –Mandy se cruzó de brazos y cerró los ojos mientras fruncía el
ceño–. El día de hoy ya no son clases mixtas, así que Xian no puede estar
hablando con Martina. No me subestimen, chicas –ella esbozó una sonrisa.
–¡Dios mío, esto sí que no me lo esperaba! –Bianca exclamó esta vez,
y se llevó las manos a la boca–. ¡Martina acaba de tomar la mano de Xian y
ambos se están escapando sin importarles las clases!
–Por la dirección que toman parece que se están yendo a detrás del
coliseo. Quien sabe que pasiones secretas se revelarán en ese solitario lugar. ¡Uy
no, de solo pensarlo hasta me sonrojo! –añadió Estela.
–¡Sobre mi cadáver!! ¡No permitiré que esa mujerzuela corrompa con
sus perversiones al pobre de Xian! –Mandy escupió fuego por los ojos, y con los
puños cerrados dirigió la vista hacia donde señalaban sus amigas. Para su
sorpresa no había nadie allí.
–Demasiado tarde, Mandy –Roberta la tomó del hombro–. Ya se escabulleron
en su nidito de amor.
–¡No lo permitiré! ¡Debo rescatar a Xian de las garras de esa
harpía! –Mandy apretó el puño derecho delante de su rostro, y se dispuso a
partir.
–Hola, Mandy –en eso Martina pasó por su costado. Ella caminaba en
compañía de unas amigas–. Tú siempre tan llena de energías. Qué envidia me das.
¡Ya quisiera yo tener tu vitalidad!
–¿Martina? ¡Tú! ¿Qué haces tú aquí? Yo pensé… este… ¡hola!
Martina esbozó una sonrisa por respuesta, y a continuación les dio
alcance a sus amigas.
“¡JAJAJA!”, cuando Martina ya estuvo lo bastante lejos, las amigas de
Mandy se destornillaron de la risa.
–¡GRRR!! Ustedes tres… ¡las voy a matar! –Mandy volteó hacia donde
sus amigas y se les acercó con las manos abiertas y los dedos dispuestos cual
zarpas. De los ojos le salían furiosos relámpagos.
–Cálmate, Mandy. Solo queríamos corroborar nuestras sospechas –se
defendió Estela.
–Es cierto. Tú eres la única culpable por habernos mentido. Si nos
hubieras dicho la verdad desde un principio, no tendríamos que haber recurrido
a esto… –indicó Bianca.
–¡¿Perdón?! –Mandy se llevó la mano derecha al pecho, presa de la
indignación.
–Mandy está celosa, Mandy está celosa –Roberta se acercó a Mandy y le
hizo cosquillas en el abdomen–. ¡Wiuuu!
“¡Wiuuu!”, Estela y Bianca le hicieron eco.
–¿Saben qué? ¡Váyanse al diablo! –Mandy se alejó de sus amigas con
los puños apretados y a grandes zancadas.
–¡Mandy, espera! –Bianca trató de ir tras su amiga.
–No –Roberta la detuvo–. No te servirá de nada ir tras de Mandy en
estos momentos. Ella ahora está en otra.
–Pero, pero…
–Roberta tiene razón –intervino Estela–. Lo mejor será esperar… y de
paso observar lo que sucede. Seguro que la “venganza” de la que nos habló Mandy
será todo un espectáculo. ¡Ya no puedo esperar más para verla y partirme de la
risa, jajaja!
–Señorita, usted es diabólica –Roberta le tomó el hombro a su amiga.
–¡¿Y entonces a qué esperan, chicas?! ¡Apúrense o se perderán el
show! –Bianca ya estaba a varios metros por delante de sus dos amigas. Ellas se
apresuraron en ir tras de Bianca.
Una vez las muchachas del cuarto año llegaron a la cancha de losa,
todas se acomodaron en las graderías. La profesora dejó el saco de pelotas
apoyado en uno de los tubos que sostenían la red, y luego se dirigió a las
alumnas.
–Jovencitas, como ya se los adelanté en el salón, hoy tendremos el
examen final de las clases de vóley –dijo la profesora–. Formen equipos de seis
y pásenme los nombres en una hoja. Cada equipo jugará un único partido de un
solo set. Para la nota promediaré dos aspectos: el desempeño individual y el
desempeño colectivo. Por cierto, si su equipo pierde no se preocupen; si veo
que su desempeño ha sido bueno a pesar del resultado, de todas formas tendrán
buena calificación. Eso es todo. ¿Preguntas? ¿Nadie? Muy bien, entonces:
¡formen sus equipos! Por tratarse del examen final del bimestre, podrán
formarlos por afinidad.
Las chicas se levantaron de las graderías y se dispersaron para
formar sus equipos.
–Mandy, ¿tú aquí? Qué sorpresa, amiga. Si hace nada estabas de lo
más enojada con nosotras… y en cambio mírate ahora, estas aquí, pidiéndonos que
formemos equipo –Roberta rodeó el cuello de Mandy con su brazo cuando esta
última se acercó a donde las tres chicas para pedirles que se unan a su equipo.
–Ya déjame en paz –bufó Mandy.
–Chicas, ya conseguí a nuestras otras dos jugadoras –Estela se
acercó con dos compañeras.
–¡Perfecto! –Mandy exclamó–. Vengan, equipo. Tenemos que planear
nuestra estrategia para ganar.
–No lo sé, amiga. Eso dependerá de contra cual equipo nos toque –indicó
Bianca.
–Es verdad. Por ejemplo, si nos toca contra el equipo de Martina, la
mejor estrategia será fingir que nos ha dado un cólico para así evitar la
humillación –sugirió Roberta.
–¡Dejen de decir estupideces y vengan acá de una buena vez! –Mandy
las jaló del brazo y las atrajo al círculo que ya había formado con el resto
del equipo.
La profesora tocó su silbato. Llamó a los dos primeros equipos que
se enfrentarían. El resto de muchachas fueron a sentarse a las graderías a la
espera de que llegue su turno para jugar.
Comenzó el primer partido. Mandy estaba cada vez más ansiosa debido
a la espera. “Le demostraré a Martina que puedo ser tan buena como ella. Ay del
equipo contra el que me toque jugar: ¡le daré una paliza tan grande que sus
integrantes desearán que no se haya inventado el vóley nunca jamás!”, pensó
ella con convicción.
Acabó el primer partido. Le siguieron dos partidos más en los que no
fue llamado el equipo de Mandy. La profesora tocó su silbato. El tercer partido
había finalizado.
–¡Ahora anunciaré a los dos siguientes equipos que se enfrentarán! ¡El
equipo capitaneado por Mandy Carpio, versus el equipo capitaneado por Martina
Faux!
–¡Rayos! –decepcionada de su mala suerte, Roberta chasqueó los dedos.
–¡Ya perdimos! –se lamentó Estela–. ¿Por qué tenía que tocarnos
precisamente contra Martina?
–¡Ya basta! –Mandy se levantó de las graderías y dirigió una mirada
desafiante a Martina. Esta última al verla, levantó la mano y la saludó sonriente.
–Esa tonta, ¿en serio cree que podrá ganarme? ¡Le borraré esa
sonrisa en un instante, ya lo verá! –Mandy de un salto llegó a la cancha de
losa. “Como ya dije, esta es la oportunidad perfecta para mi venganza, le
demostraré de lo que estoy hecha”, la joven púrpura se dirigió a su lado de la
cancha a paso firme. Bianca y las demás se miraron entre sí y se encogieron de
hombros. Sin más remedio, ellas abandonaron sus lugares y fueron tras de Mandy.
–¡El equipo de mi derecha saca primero! ¡¿Quién de ustedes hará el
saque?! ¿Tú, Mandy? Muy bien. Solo recuerda que debes sacar a mi orden, es
decir cuando yo haya tocado el silbato, de lo contrario no será válido tu saque,
¿entendido?
Mandy asintió. La profesora le pasó el balón y Mandy se dirigió a la
zona de saque dando botes pausados con la pelota. Se colocó en posición. Todos
observaron expectantes.
“Ahora verán. Todos serán testigos del resultado de mis
entrenamientos”, Mandy se colocó en posición y levantó el balón. Sonó el
silbato. Mandy lanzó el balón lo más alto que pudo. Cuando bajó y lo tuvo al
alcance, ella saltó y le mandó un palmazo tremendo. Las dos chicas que fueron a
su encuentro en la primera línea del campo rival no lograron alcanzarlo. Mandy
sonrió, pues su saque estaba a punto de caer sobre una de las esquinas del área
contraria. Sus amigas mientras tanto observaban impresionadas.
¡Rasss! Para sorpresa de todos, Martina se lanzó al suelo y con el
puño llegó a salvar el balón. Este se levantó en el aire. La armadora del
equipo fue a su encuentro y lo lanzó con un toque sutil de las yemas de los
dedos hacia una de sus compañeras de la primera línea, quien disparó un potente
mate.
Estela y Bianca se elevaron con las manos en alto para intentar bloquear
el disparo. Bianca gracias a su altura logró rozar el balón y menguar su
potencia. Mandy corrió a su encuentro y con ambos puños juntos lo dirigió hacia
donde se ubicaba una de las compañeras que Estela había conseguido para el
equipo. Esta última saltó y se preparó para lanzar un mate. De un manotazo
devolvió el balón al campo contrario.
En las graderías todas las chicas estaban boquiabiertas. Ninguna se
esperó ver un partido tan parejo e intenso. Ambos equipos estaban demostrando
ser muy hábiles.
Pasaron los minutos.
–Lo veo y no lo creo –muy impresionada, se dijo la profesora– Que
partido para más emocionante. Quisiera que nunca termine.
Le tocó sacar al equipo de Martina. Precisamente ella fue la
encargada de realizar el saque. Cual si fuese un misil el balón fue lanzado
hacia el lado contrario.
–¡Es mía! –Roberta se lanzó a por el balón, pero este a medio
trayecto describió una curva extraña que engañó a los ojos miopes de Roberta.
El balón pasó por un costado de su mano extendida–. ¡Oh no! –se lamentó
Roberta, y con la mirada siguió al balón.
“¡IIIAAA!!”, acompañada por su grito de batalla, Mandy se estiró lo
más que pudo para intentar alcanzar el balón. Con los dedos extendidos al
máximo ella llegó a rozarlo. El balón se desvió hacia arriba.
–¡Voy yo! –gritó Estela, y junto ambas manos en un solo puño para
recepcionar el balón que ya estaba cayendo. Lo lanzó hacia Bianca, quien saltó
con todas sus fuerzas y le pegó un brutal manotazo. Dos chicas de la primera
línea del equipo contrario saltaron con las manos extendidas y bloquearon el
disparo. El balón terminó cayendo nuevamente hacia el campo de Mandy y
compañía.
–¡Nooo!! –Mandy se lanzó desesperada hacia el balón, pero no se fijó
en que Roberta también corría en pos de este. Ambas chocaron cabezas y cayeron
de bruces con estrépito. El balón aterrizó sobre la cabeza de Mandy. Luego rebotó
y cayó al suelo.
–¡Punto para el equipo de Martina! –la profesora tocó su silbato–.
¡El marcador ahora es de 23 a 24!
–Cielos, mis lentes se han rajado. Ya no podré ver bien. Qué mala
suerte –se lamentó Roberta.
–Como si antes hubieras podido ver bien, ¡ay mi cabecita…! No puedo
creer que lo que más te moleste ahora sean tus lentes… ¡auch, sí que tienes la
cabeza dura! –Mandy se levantó del suelo sobándose la cabeza.
–Es que sin mis lentes veo recontra borroso. Y tú no deberías de
quejarte, Mandy, ¿no se supone que querías ganar este partido a cualquier
precio? El dolor no debería significar nada para ti –le increpó Roberta.
“Es cierto. Este dolor no significa nada. Lo único que me debe
importar ahora es obtener la victoria. Con tal de ganarle a Martina, juro que
hasta sería capaz de empeñar mi casa… ¡así que mente ganadora, Mandy Carpio! ¡Eso
es, obtendré la victoria a como dé lugar! ¡Martina, ya lo verás!”, Mandy se
limpió el polvo del polo y de las rodillas. Cuando levantó la cabeza sus ojos se
revelaron cargados con una resolución tremenda.
–Mandy, tú… –Roberta la miró asombrada.
–Nunca la había visto tan decidida –Estela le comentó a Bianca.
–Es cierto, no pensé que sus ganas de ganar fueran tan grandes –expresó
Bianca.
El juego continuó su curso.
–¡Pásame el balón! –Mandy le pidió a una de las dos chicas que
Estela trajo al equipo. La aludida asintió y le lanzó el balón. Con una sola
mano Mandy lo atrapó en el aire. Lo sujetó con ambas manos y le clavó una
intensa mirada. A paso lento pero seguro se dirigió a la posición de saque.
El equipo de Martina se preparó, cada quien en sus respectivas
posiciones.
–Me has dejado sorprendida, Mandy, aunque ni creas que podrás
vencerme tan fácil –se dijo Martina, en tanto concentró su mirada y se acomodó
en su posición.
“En este saque pondré todo de mí. Prepárate para perder, Martina”,
Mandy apretó el balón con una mano, y de inmediato lo lanzó hacia el aire.
–¡Este es mi saque súper especial, aquí voy!!! –Mandy saltó con
todas las fuerzas que le quedaban. Lanzó un manotazo fulminante contra el
balón.
Martina saltó lo más alto que pudo y extendió las manos hacia
arriba. Llegó a rozar el balón con los dedos, pero este llevaba tanta potencia
que apenas se desvió su trayectoria. Dos de las chicas del equipo de Martina se
lanzaron en pos de salvar el punto, pero no lograron llegar a tiempo. El balón
cayó dentro de los límites del campo. La profesora hizo sonar su silbato. El
equipo de Mandy acababa de ganar el partido.
–¡SI! ¡SIII! ¡Ganamos, ganamos! ¡¿Lo vieron, chicas, lo vieron?! –muy
emocionada por la victoria, Mandy se dirigió hacia las graderías saltando y
riendo.
–Lo lograste, Mandy –Roberta observó a su amiga con una sonrisa.
–No lo puedo creer, hemos ganado –Bianca apoyó el brazo sobre los
hombros de Estela.
–Que bien se siente ganar, ¿eh, Bianca? –Estela le dio un par de
palmaditas en la espalda a su amiga–. Pero mira nada más lo feliz que está
nuestra amiga. En serio que cuando se trata de celebrar una victoria, no hay
quien le gane.
–¡Y en tu cara, Martina! ¡SIIII! –Mandy señaló a Martina y se
comenzó a pavonear.
–Sí, tienes toda la razón. Aunque a veces ya se recontra pasa de la
raya –se lamentó Bianca.
–Buen partido, Mandy. Bien jugado, amiga –Martina se acercó a Mandy
con la mano extendida y una amigable sonrisa.
–¡Por supuesto! ¡Lo mismo digo! ¡Bien jugado, muy bien jugado! –Mandy
estrechó la mano de Martina y le mostró una amplia sonrisa que dejó al
descubierto sus blancos dientes.
Tocó el timbre de la salida. Las chicas recogieron sus cosas de las
graderías y comenzaron a alejarse.
–¡Ganamos, ganamos! ¡Oh sí, oh sí! ¡Yeah! –Mandy se puso a bailar alrededor
de sus amigas dando saltitos y agitando la mano derecha en lo alto.
–Por dios, Mandy. Ya para, que me estás mareando –Roberta se quejó–.
Arghh, y esto de tener los lentes malogrados está haciendo que me duela la
cabeza.
–Ya, ya. No te quejes tanto, Roberta –Mandy le tomó el hombro–. Es
el precio de la victoria. Tú misma lo dijiste, ¿no?
–¡Mandy, cuidado! –en eso le advirtió Estela. Una pelota de vóley
procedente desde la cancha de losa se acercó desde el cielo. Mandy con una mano
la atrapó en el aire.
–¡Amiga, ¿me puedes pasar el balón?! –una de las chicas que en ese
momento estaban jugando en la cancha le pidió a Mandy desde la distancia.
–¡Por supuesto, no se diga más! –Mandy respondió, y se preparó para
lanzar un saque.
–Oye, que no es necesario que hagas ese saque tan ostentoso –le
increpó Bianca.
–Déjala disfrutar su momento. Su vida generalmente es tan
desgraciada que sería pecado si no le saca el jugo a los pocos buenos momentos
que le tocan vivir –dijo Roberta.
–Estoy de tan buen humor que por esta vez te dejaré pasar tu
impertinencia, ¿eh, Roberta? –Mandy le dirigió una mirada de reproche a su
amiga. Luego retomó su postura de saque, y lanzó el balón con todas sus
fuerzas.
¡CLANCK! El balón fue tan alto que se estrelló contra la rama de un
árbol antes de llegar a su destino, y a continuación desvió su trayectoria
hacia la piscina olímpica. La cruzó de largo mientras descendía a toda
velocidad.
¡CRASH! Entonces se oyó el ruido de vidrios rompiéndose.
–¡¿Se puede saber quién ha lanzado esta pelota?! –muy enfadada, la
profesora Inés se asomó por una de las ventanas rotas del laboratorio. Entonces
su mirada se cruzó justo con la de Mandy–. ¡Fue usted, señorita Mandy! ¡Ya la
vi! ¡Es usted una bruta, una salvaje! ¡Mire nada más lo que ha hecho! ¡Acaba de
destrozar uno de los nuevos microscopios!!
Mandy tragó saliva. De pronto se había puesto pálida como un
fantasma.
–Tranquila, amiga –Roberta se apoyó en su hombro con el codo–. Son
cosas que pasan: el precio de la victoria, ¿lo recuerdas?
–Corrección. Esto es el precio de una demasiado eufórica celebración
por la victoria –intervino Estela.
–¡Exacto! –señaló Bianca.
Pero Mandy ya no oía nada de lo que decían sus amigas. En ese
momento un solo pensamiento hacia eco una y otra vez en su cabeza. “Con esto
mamá no me dará propinas hasta el fin de mis días. Viviré en la miseria para
toda mi vida: ¡Para siempre, para siempre, para siempre, para…!”.
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😻¡Infinitas gracias por leerme!😻

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