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PUNCH RAGE COCTAIL (2DA PARTE)

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  Cierta tarde, Keyla se hallaba en la biblioteca de la universidad. Consultaba unos libros para poder hacer su ensayo final de uno de sus cursos. En eso, una mano se posó en su hombro. Era el profesor Mauricio. Él siempre se había portado muy amable con ella, además de que enseñaba muy bien, por lo que lo apreciaba y respetaba. El docente se le acercó y le susurró algo al oído. El rostro de Keyla cambió en un instante. Ella negó con la cabeza. –Vamos, puedes venir a mi casa cuando quieras, te ayudaré en todo lo que necesites –Mauricio insistió. Keyla le indicó que era muy amable pero que declinaba la oferta–. Vamos, te pondré la mejor nota de la clase, te recomendaré con los directivos de la oficina de investigación para que te den fondos. Vamos, sé una niña buena –Mauricio no dio su brazo a torcer, y le lamió la nuca. En ese instante el terrible sonido de un rechinar de dientes inundó la biblioteca. Keyla comenzó a ver todo rojo. Perdió por completo la compostura y tomó un pesado...

PUNCH RAGE COCTAIL (1ERA PARTE)

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  Aneska siempre había sido una mujer creyente. A pesar de los numerosos reveces por los que pasó a lo largo de sus veinticinco años, siempre se mantuvo firme en su fe. Cada vez que atravesaba una dificultad, como cuando su madre muri0 y la dejó de diez años junto a su padre, o cuando su progenitor se quitó la vid4 tres años después, o cuando su pareja la abandonó junto a su bebé… ella siempre sacaba la cruz de plata que en todo momento llevaba colgada del pecho, la única herencia que le hubo dejado su madre, y se ponía a rezar. Ella creía firmemente en que las cosas se resolverían porque Dios, a diferencia del resto, jamás la abandonaría. Así se lo había enseñado su madre, y ella nunca dudaría de sus palabras. Una nueva prueba se presentó en la vida de Aneska cuando su pequeña hija cumplió los siete años. Hasta la fecha, como sea ella se las había arreglado para poder mantenerse a flote y sobrevivir el día a día junto a su hija. Sin embargo, una vez más el destino le demostraría...

CANTOS DEL DESIERTO

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ÍNDICE:  👉  Canto 1: Susurros del desierto profundo 👉  Canto 2: Aquellos ojos turquesa Volver a lista de historias

AQUELLOS OJOS TURQUESA (PARTE FINAL)

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  —No puedo morir aquí. Pude soportar el Agua, mi destino está por fin al alcance de mi mano. ¡Definitivamente no moriré aquí!! —Fahima se dijo para sus adentros. Iris se colocó a su costado. Entonces Fahima lo entendió; tendría que resignarse a pelear al lado de aquella muchacha. Sabía que sola no tendría ninguna oportunidad contra el terrible Scailman. El enorme efrit elevó su mano derecha y en esta apareció un enorme hachón de doble hoja y hecho de magma. Cuando el primer golpe fue descargado sobre el suelo, el desierto se abrió y dejó al descubierto un abismo del que salían llamas y humo. Iris y Fahima por poco consiguieron evitar el mortal embate. Scailman entonces clavó sus chispeantes ojos en las dos jóvenes. No necesitó pronunciar palabra alguna para proclamarles su sentencia de muerte. Elevó su mano libre, y en el acto del abismo emergieron brazos negros y cadavéricos que fueron en pos de las mujeres. Las nubes en el cielo nocturno se despejaron, dejando a la vista la ...